2.10.06

Einstein

Las converse de toda la vida no son la mejor opción para un día lluviso. Pero no era en eso en lo que nuestro protagonista pensaba mientras caminaba cabizbajo con rumbo tortuoso. De madrugada, todas las calles tienen un aspecto sospechoso, como si algo o alguien estuviera a punto de acechar. Pero en este caso, pero el sólo se temía a si mismo. No llovía en abundancia, lo cierto es que casi nunca llovía en esta ciudad. Acostumbrado al clima de Newcastle, Madrid parecía el desierto del Sahara. Con los oídos todavía atronados por el ruido del pub, se dirigió con paso firme hacia la Paza de Castilla. Cada arbol, cada farola, cada caca de perro se convertía en un difícil obstáculo que esquivar. Viendo como se iba el autobús, maldijo durante un instante. Pronto se quedó pasmado, en silencio, en medio de la plaza descubrió que por fin entendía la teoría de la relatividad.
Las converse, sin ninguna duda, no son la mejor opción para una noche lluviosa.